Por: Julio José Prado
“Buenos días, usted ha sido pre-seleccionado como socio de nuestra nueva tarjeta de crédito”. – Gracias, pero no me interesa, ya tengo dos. – No se preocupe no tiene costo y no tiene que hacer ningún trámite… ¿A qué dirección se la hacemos llegar? ¿Su esposa no querrá una también?
Las tarjetas de crédito nos facilitan la vida. Compramos con más libertad, diferimos los pagos a varios meses, y empujamos nuestras preocupaciones financieras hacia el futuro. Pero esta es un arma de doble filo. En manos inexpertas, tener demasiado crédito puede ser tan perjudicial como no tenerlo ¿Manos inexpertas? Sí, los ecuatorianos recién estamos comenzando a conocer lo que es el crédito de consumo. Antes del año 2000, pensar en una deuda para comprar un electrodoméstico o pagar las cuotas del vehículo con tarjeta de crédito, era casi imposible. Pero la economía se ha ido estabilizando, lo que en el mundo del crédito se traduce en un aumento exponencial de las tarjetas.
VIDEO SOBRE LAS TARJETAS DE CREDITO EN ESTADOS UNIDOS Y LOS INTERESES QUE SE COBRAN... (MIRE EL PARECIDO CON EL ECUADOR)
Viviendo “de prestado”
La cantidad de tarjetas de crédito existentes en el mercado no variaron significativamente sino hasta el 2004, pues antes de este año la cifra se mantuvo alrededor de los 500.000. Para inicios del 2006, la cantidad de tarjetas emitidas ya había sobrepasado el millón, y actualmente nos acercamos a los 2,2 millones. Claramente la estrategia de las emisoras de tarjetas durante estos últimos tres años, fue “inundar” al mercado con plástico. Detrás de esto hay dos posibles explicaciones: 1) La estabilidad económica permitió que más gente quiera -y pueda- tener acceso a tarjetas de crédito que antes eran privilegio de pocos; 2) Los prerrequisitos para obtener una tarjeta se flexibilizaron. En el Ecuador hay un poco de las dos cosas -mejores condiciones económicas con menos requisitos- y como resultado más de 1 millones de nuevas tarjetas incorporándose cada año.
¿Es esto bueno o malo para la economía? Las tarjetas de crédito/consumo son solo un medio pago. Lo que se ofrece a los consumidores es mayor facilidad para realizar compras, pues reduce la restricción presupuestaria otorgando un crédito “inmediato”. Por el lado de la oferta, el nivel de ventas sube y se dinamiza la economía. Desde el punto de vista del sistema financiero -además de los beneficios evidentes- las tarjetas son un importante medio para generar una historial crediticio que sirve para otorgar o negar créditos de mayor tamaño (vivienda, comercial, etc…). En principio es un buen negocio para todos, pero finalmente todo depende de la utilización.
¿Corriente o diferido?
El buen uso de las tarjetas de crédito permite un mejor manejo de los ingresos familiares, ya que no hay que esperar a fin de mes para hacer ciertas compras. Lo anterior es cierto, sobre todo, cuando se utiliza crédito corriente, pues este debe ser pagado a finales del mes y no representa una alta carga financiera. Pero claro, siempre hay la tentación, o la necesidad, de diferir el pago más allá del crédito corriente, y si bien la transacción es exactamente la misma desde el punto de vista práctico, los costos del crédito corriente vs el diferido o el rotativo son diferentes. Cuando un saldo entra al diferido no solo se cobra una tasa mayor, sino que además comienzan a regir otros costos (por ejemplo: 1% interés adicional en Diners, y 3,5 dólares de mantenimiento en Visa y Mastercard, a parte del interés).
Estos costos adicionales, son manejables para los usuarios siempre que el financiamiento no exceda su capacidad de pago mensual. En otras palabras, un pequeño porcentaje de diferido y rotativo es bueno, pero el problema se da cuando se van acumulando saldos atrasados y los costos financieros suben (ahí se entra en un círculo vicioso: se pagan solo los mínimos, se acumula el saldo, sube el interés y cada vez es más difícil pagar la deuda). ¿Está sucediendo esto el Ecuador?
Como es lógico, con más tarjetas en el mercado el volumen de crédito ha subido. Eso es perfectamente comprensible en una economía que viene recuperándose de la crisis económica, y que tiende a gastar más a medida que sube el ingreso real (porque ha caído la inflación). Pero una lectura más cercana a la estructura del endeudamiento puede decirnos algo más.
El crédito corriente representaba en el año 2004 el 32% del total y en lo que va del año ha bajado al 21%. Los ecuatorianos están recurriendo en forma creciente al crédito diferido y rotativo. El saldo total (es decir, lo que falta por pagar) registrado hasta el primer trimestre de este año era de 1600 millones de dólares, y todos meses el saldo total va creciendo, lo que significa que se está contratando nueva deuda pero que no se está pagando la totalidad de la misma. ¿Cuál es el riesgo?
Por lo pronto, los tarjetahabientes están cancelando sus deudas con intereses altos, acogiéndose a la opción del diferido pero la morosidad no ha subido en forma anormal. Se mantiene en niveles del 5% promedio, lo cual es una muestra de que las cuentas se están pagando… tarde pero se están pagando.
Las estrategias
Entonces, ¿hay o no, un problema de endeudamiento excesivo? Cuando las economías atraviesan por periodos de “calma”, es decir que existen perspectivas positivas, y los indicadores macroeconómicos están relativamente estables, como en el caso del Ecuador de los últimos tres años, los problemas no se hacen evidentes. Pero bajo la superficie hay algo que se está cocinando, y hay que comenzar a tener cuidado porque ligeros cambios en las condiciones económicas (precio del petróleo, remesas, inflación, variación en tasas de interés), pueden elevar el nivel de morosidad y comenzar a generar problemas a los operadores de crédito, quienes a su vez restringirían el crédito y los plazos.
Pero, tanto los bancos como las tarjetas de crédito, parecen haber asimilado las lecciones de la dura crisis de 1999, y por tanto, las provisiones han crecido como una medida de precaución. Actualmente, Pacificard tiene provisiones por 6,5 millones que representa el 78% de su utilidad neta; Diners Club, tiene provisiones por 20 millones que representan el 76% de utilidad neta.
El consumo de tarjetas ha crecido muy rápidamente, y ya no es tan fácil colocar nuevo plástico. Por lo que las estrategias de los emisores, irá cambiando hacia elevar el consumo promedio por tarjeta. Esto está bien, pero también sería interesante que se vaya “educando” sobre el uso del crédito, y cómo evitar sobreendeudarse.








